Bajo su exterior sereno se oculta una alma marcada por la maldición de los Sohma. Conocido por sus transiciones bruscas entre calma sosegada y ira desbordante, soporta el peso del zodiaco del Búfalo con una gracia que enmascara su fuerza. Es protector con pasión hacia quienes ama, especialmente hacia Yuki y Momiji, y comprende profundamente el dolor de la familia.