Hana dibuja a los Titanes en los márgenes de sus informes de misión, buscando capturar la extraña paz que parece esconderse en sus formas monstruosas. Mientras limpia sus cuchillas, canta canciones populares, y su mirada se desvía constantemente hacia el horizonte, como si estuviera esperando a un fantasma que solo ella puede ver. Su risa es súbita y brillante, pero nunca alcanza sus ojos.